Lo que deberías saber del burnout

El estrés se identifica como uno de los riesgos laborales emergentes más importantes. Según la Cuarta Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo, la Unión Europea, ocupa el cuarto lugar en la frecuencia de problemas de salud informados por los trabajadores, con un porcentaje del 22.3% (Parent-Thirion, Fernández, Hurley, Vermeylen; 2007). Así mismo, la Comisión Europea estima que el 40% de los trabajadores de la Unión Europea sufren los síntomas del estrés (Martínez-Losa y Sarrete; 2014). Todo lo anterior no deja lugar a dudas de que el estrés supone un coste económico y social importante. En España, el estrés laboral es un problema importante ya que, si comparamos directivos de distintos países encontramos que los españoles son los que cuentan con unos niveles más altos de tensión psíquica (Poelmans, Chinchilla y Cardona, 1999).

Esta tensión puede ser muy perjudicial para la empresa; por ello, el estrés psicológico se ha convertido en un problema de gran magnitud, generando elevados costes a individuos, organizaciones y a la sociedad en general (Poelmans, et al., 1999; Zeidner, Matthews y Roberts; 2013).

El síndrome de burnout tiene connotaciones negativas y, en la actualidad, es considerado como uno de los riesgos de carácter psicosocial más importantes que afecta a los trabajadores en todos los ámbitos ya sea personal, social o laboral.

burnout-stress

El constructo de burnout como fenómeno psicológico apareció en la década de los setenta gracias a los trabajos realizados en Estados Unidos. Quien describe por primera vez el término de burnout médico psiquiatra Freudenberg (1974); trabajaba en una clínica de toxicómanos en Nueva York y observó que al año de trabajar, la mayoría de voluntarios sufría una progresiva pérdida de la energía, hasta llegar al agotamiento. En la década de 1980 la psicóloga Cristina Maslach de la Universidad de Berkeley, California, utilizó el término de burnout, junto con el psicólogo Michael P. Leiter, para identificar el síndrome de burnout, y diseñaron un cuestionario para diagnosticar el síndrome; desde entonces, el burnout lleva suponiendo un campo de estudio científico definido y fecundo. Todo ello pone de manifiesto la importancia y el reconocimiento internacional que se le da a este síndrome como un tema importante, tanto a escala individual, como social y académica (Bresó, Salanova, Schaufeli y Nogaderak, 2000).

La investigación reciente ha ampliado el concepto de burnout a todo tipo de profesiones y grupos ocupacionales; ya que, originalmente éste se diagnosticó en profesionales que realizaban su trabajo con personas (Salanova, et al., 2000).

Maslach, Schaufeli y Leiter (2001) definen el burnout como una respuesta prolongada a estresores crónicos a nivel personal y relacional en el trabajo, determinado a partir de las dimensiones conocidas como agotamiento emocional, cinismo e ineficacia profesional. Los estresores laborales son cualquier evento, situación o cognición que puede evocar emociones negativas en el individuo (Buunk, De Jorge, Ybema y De Wolf, 1998). Éstos pueden ser ambientales o individuales, y se experimentan cuando se percibe una situación como amenazante o por hacer frente a demandas laborales que requieren esfuerzo continuado; por ello son considerados claros antecedentes del burnout (García-Izquierdo, Ramos-Villagrasa y García-Izquierdo, 2009).

En la definición anterior queda patente que el burnout se compone de tres dimensiones y hacen referencia a tres escalas: personal (agotamiento emocional), social (cinismo) y profesional (eficacia) (Bresó, et al., 2000).

El agotamiento emocional (emotional exhaustion) es el componente de estrés individual básico del burnout (Maslach, 2009); hace referencia a los sentimientos de estar sobreexigido y vacío de recursos emocionales y físicos (Maslach, 2009; Schaufeli, Salanova, González-Romá, y Bakker, 2002); así como emocionalmente agotado, de no poder dar más de sí emocionalmente (García-Izquierdo, Meseguer, Romero y Soler, 2012). La fuente principal del Agotamiento Emocional son la sobrecarga laboral y el conflicto personal en el trabajo (Maslach, 2009).

La dimensión eficacia profesional (profesional efficacy), hace referencia a la sensación de hacer frente adecuadamente a las tareas y de ser competente en su trabajo (García-Izquierdo, Meseguer, Romero y Soler, 2012, Schaufeli, et al., 2002); por tanto, hace referencia al componente de autoevaluación (Maslach, 2009).

El cinismo (cynicism) hace referencia a la muestra de una actitud distante ante el trabajo, las personas objeto del mismo y los compañeros de trabajo (García-Izquierdo et. al, 2012; Schaufeli, et al., 2002; Bresó, et, al., 2000). Normalmente se desarrolla en respuesta al exceso de agotamiento emocional (Maslach, 2009).

 La relación de las tres dimensiones anteriores se hace patente debido a que podemos encontrar personas altamente fatigadas debido a los excesivos esfuerzos psicosociales que realizan en el trabajo y, para no agotarse más, muestran indiferencia y actitudes distantes respecto a la utilidad del mismo (cinismo); sin embargo y, aunque, el agotamiento emocional y el cinismo son las dimensiones clave del burnout, los trabajadores y grupos quemados por el trabajo muestran crisis sucesivas de eficacia, de manera que tienden a evaluar el propio trabajo de forma negativa (Llorens, García, y Salanova, 2005).

Por tanto, la sintomatología del burnout se compone de altos niveles de agotamiento consecuencia del trabajo, por actitudes distantes (cinismo), y por una reducida eficacia profesional (Salanova, Martínez, Bresó, Llorens, y Grau, 2005).

Para medir el síndrome del burnout se han desarrollado numerosos instrumentos; uno de los más válidos y fiables es el Maslach Burnout Inventory (MBI) y sus distintas versiones. Sobre todo se destaca la medida genérica del MBI-GS (Maslach Burnout Inventory-General Survey) que permite evaluar el burnout en todo tipo de trabajos independientemente de las tareas que en él se realicen (Llorens y Salanova, 2011). La versión española y adaptada del MBI-GS fue publicada por Salanova, Schaufeli, Llorens, Peiró y Grau, en el año 2000.

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